Tras descubrirse que la Municipalidad Provincial de Trujillo (MPT), bajo la gestión del alcalde Mario Reyna, despilfarró alrededor de S/250 mil en una fiesta con fuegos artificiales y orquestas, increíblemente el gerente municipal Luis Guillén Pinto salió a declarar que el objetivo central de la comuna es “seguir mejorando la calidad del gasto público”. El pronunciamiento se dio durante la presentación de los programas presupuestales, en un contexto marcado por severas carencias en la ciudad, como el deterioro de la infraestructura vial y servicios básicos deficientes.

Ofrecen una cosa, pero hacen otra
Ante funcionarios y responsables técnicos, Guillén exhortó a orientar los recursos municipales hacia bienes y servicios que generen resultados concretos y medibles para la población, señalando que la ejecución del gasto debe estar alineada con indicadores de desempeño y reducción de brechas. Sin embargo, sus palabras contrastan con el reciente gasto festivo, cuestionado por producirse mientras Trujillo enfrenta pistas colapsadas, problemas de seguridad ciudadana y demandas urgentes en salud y educación.

El gerente municipal insistió en que una programación presupuestal con “calidad de gasto” permitiría evidenciar mejoras en indicadores sociales como la reducción de la anemia, el desarrollo infantil o el fortalecimiento de la seguridad. Incluso subrayó que el cumplimiento de metas fijadas por el Ministerio de Economía y Finanzas genera incentivos económicos para la comuna, lo que, según dijo, contribuiría a optimizar la gestión municipal.

Todo marcha bien, dicen..
En la misma actividad, el jefe de Planeamiento y Presupuesto de la MPT, Carlos Arangoitia Capa, se esforzó en informar que en el ejercicio fiscal 2025 la ejecución global alcanzó el 74%, con un 89.3% en actividades y solo 61.42% en inversiones, atribuyendo la caída a la actualización de la Ley de Contrataciones del Estado. Aun así, el debate público persiste: mientras la gestión municipal defiende su discurso de eficiencia, la ciudadanía cuestiona las prioridades reales de un gobierno local que gastó miles de soles en celebraciones cuando las necesidades estructurales de Trujillo siguen postergadas.
