La tragedia ferroviaria registrada en la ruta hacia Machu Picchu, que generó repercusión internacional, tuvo como detonante una grave negligencia humana. El informe final de la investigación determinó que el choque frontal entre trenes ocurrido el 30 de diciembre pudo evitarse y dejó como saldo la muerte del motorista Roberto Francisco Cárdenas Loayza y más de un centenar de pasajeros heridos, evidenciando serias fallas en la seguridad operativa del transporte turístico ferroviario en Cusco.
Fatal falla humana
El documento técnico concluye que el conductor del tren de Inca Rail se encontraba distraído utilizando su teléfono celular mientras realizaba sus funciones. Los registros analizados durante la investigación revelaron que el operador atendía comunicaciones personales durante el trayecto, lo que provocó que incumpliera el cruce obligatorio programado en la estación Pampacahua, ingresando indebidamente a una vía única asignada a otra unidad ferroviaria.
Cadena de errores
El informe también expone una cadena de fallas dentro de la tripulación, que agravó la emergencia. Se determinó que personal de cabina mantenía conversaciones sobre incidentes anteriores en lugar de monitorear la ruta, mientras que el brequero que logró observar el tren contrario no activó el freno de emergencia. La investigación precisa además que el tren de Perurail circulaba con autorización y conforme a los protocolos establecidos.
A un mes de la desgracia…
La investigación fue publicada por el medio cusqueño Cusco Post y advierte que la empresa operadora acumuló diversas infracciones a los reglamentos internos durante el recorrido que terminó en el accidente. El reporte subraya la urgencia de establecer sanciones y reforzar los controles sobre el uso de dispositivos móviles durante la conducción, tras un siniestro que expuso debilidades estructurales en los sistemas de supervisión del transporte ferroviario en una de las rutas turísticas más importantes del país.
