El mar peruano alimenta ballenas jorobadas: Estudio revela que no solo es un corredor migratorio

Durante décadas, la historia de las ballenas jorobadas se contó como un viaje de ida y vuelta entre la abundancia y el amor: viajaban desde la Antártida y el sur de Chile, donde se alimentaban en verano, hasta las cálidas aguas tropicales del Pacífico oriental, desde el norte del Perú hasta Nicaragua, para reproducirse en invierno. Durante ese trayecto, se creía que los animales vivían de sus reservas de grasa, en un ayuno prolongado que podía durar meses. El mar peruano era, en esa narrativa, apenas un corredor de paso.

Esa visión acaba de quedar desactualizada

Un nuevo estudio publicado en la revista científica Marine Biology revela que las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) no solo transitan frente a las costas del Perú ni únicamente tienen a sus crías en el norte del país: también se alimentan activamente en aguas de la costa central y sur. El mar peruano, con su reconocida productividad biológica, funciona como una suerte de restaurante de paso que les permite recargar energías antes de continuar su viaje.

Dos décadas de datos y observaciones recientes

La investigación fue liderada por Miguel Ángel Llapapasca, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), en México, junto a un equipo de científicos peruanos del Instituto del Mar del Perú (IMARPE), la ONG Proyecto Cetáceos Perú y la Universidad Científica del Sur.

El trabajo integró cerca de veinte años de avistamientos de ballenas jorobadas registrados entre 2000 y 2019 por la Oficina de Investigaciones en Depredadores Superiores del IMARPE, reportes de alimentación más recientes obtenidos entre 2023 y 2025 a través de ciencia ciudadana, y datos oceanográficos satelitales. Con todo ese material, los investigadores construyeron modelos estadísticos avanzados para identificar las zonas donde estos cetáceos se reproducen, migran y se alimentan a lo largo del litoral peruano.

El trabajo integró cerca de veinte años de avistamientos de ballenas jorobadas registrados entre 2000 y 2019. (Foto: Marco Begazo)

Tres zonas, tres funciones distintas

Los resultados del estudio permiten trazar un mapa más complejo y detallado del comportamiento de las ballenas jorobadas frente a las costas peruanas, organizado en tres grandes áreas.

El norte del país, en las aguas de Piura y Tumbes, se confirma como la zona más importante para la reproducción y crianza de la especie durante el invierno y la primavera. Es aquí donde las hembras dan a luz y los ballenatos dan sus primeras brazadas.

El tramo centro-norte, que va desde la Península de Illescas hasta Paracas, funciona como una ruta migratoria vital, utilizada especialmente por las madres con cría que prefieren navegar más cerca de la costa en busca de protección.

Y la zona centro-sur, entre Lima y Tacna, emerge como la gran sorpresa del estudio: es allí donde se registraron eventos de alimentación, especialmente durante el verano y el otoño, con ballenas activamente consumiendo anchoveta. La explicación está en la misma razón por la que el Perú tiene una de las pesquerías más productivas del mundo: la surgencia de aguas frías y ricas en nutrientes que impulsa una cadena alimentaria excepcional, capaz de atraer y sostener no solo a millones de peces sino también a los mamíferos marinos más grandes del planeta.

Un ecosistema más complejo de lo que se pensaba

Para Aldo S. Pacheco, investigador de la Universidad Científica del Sur y coautor del estudio, el hallazgo tiene implicancias que van más allá de la biología de una sola especie. «Nuestro entendimiento de la biología de la ballena jorobada en este lado del mundo va aumentando. La confirmación de que se alimentan en nuestras aguas agrega una nueva complejidad a cómo entendemos nuestro ecosistema. Eso abre puertas a seguir investigando cómo el mar peruano puede sostener grandes poblaciones de peces, pero también de grandes mamíferos marinos», señaló.

Llapapasca, por su parte, sugiere que este comportamiento podría estar vinculado a cambios globales. «Nuestros resultados abren la posibilidad de que las costas del Perú funcionen como refugios de alimentación alternativos. Esto podría responder tanto al incremento poblacional de las ballenas como a la pérdida de calidad de sus sitios tradicionales de alimentación debido al cambio climático y el impacto humano, algo que ya ha sido documentado en poblaciones del hemisferio norte», explicó.

Un mar también amenazado

Los mismos datos que revelan la riqueza del litoral peruano para las ballenas jorobadas exponen también sus vulnerabilidades. El estudio identificó que los cetáceos atraviesan zonas de intensa actividad pesquera y alto tráfico marítimo, lo que eleva el riesgo de enmallamientos y colisiones, especialmente en la franja norte-centro, donde los varamientos son reportados con frecuencia durante el invierno y la primavera.

Asimismo, el trabajo destaca que zonas como Illescas y Paracas son puntos críticos de concentración de ballenas durante su migración, lo que refuerza la importancia de mantener las Reservas Nacionales existentes protegidas frente a la presión de actividades humanas.

Ciencia ciudadana al servicio de la investigación

Uno de los aspectos destacables de este trabajo es metodológico: los investigadores combinaron décadas de monitoreo científico formal con observaciones recientes aportadas por ciudadanos, navegantes y turistas que reportaron avistamientos entre 2023 y 2025. Esa integración entre la investigación institucional y la participación de la sociedad demuestra cómo el monitoreo colaborativo puede ampliar el alcance y la profundidad del conocimiento sobre la biodiversidad marina, especialmente en un océano tan extenso y dinámico como el Pacífico peruano.

Accede al estudio aquí.

Lea la nota original aquí o visita el medio Inforegión | Agencia de Prensa Ambiental