De los 116 distritos de la región, 95 presentan niveles de riesgo alto y muy alto ante sequías asociadas al Fenómeno de El Niño (FEN), según datos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) para el periodo 2026-2027. Estos distritos podrían enfrentar dificultades para disponer de agua suficiente para actividades económicas como la agricultura y la ganadería. Precisamente, de acuerdo con CENEPRED, más de 263 mil hectáreas agrícolas estarían en riesgo ante sequías, es decir, periodos prolongados con lluvias insuficientes. En Cusco, el 68% de la superficie agrícola depende exclusivamente de las lluvias para abastecerse de agua, por lo que una reducción prolongada de las precipitaciones puede afectar directamente la disponibilidad de agua para los cultivos y, con ello, la producción agrícola.
“El riesgo de cientos de miles de hectáreas muestra que una sequía asociada al Fenómeno El Niño puede afectar directamente la producción y los ingresos de las familias cusqueñas. En un contexto de mayor variabilidad climática, es importante reducir esta vulnerabilidad. Si gran parte de la superficie agrícola todavía depende de las lluvias, significa que las autoridades aún no han logrado ampliar los sistemas de riego”, indicó Erick Chuquitapa, economista de REDES.
Esta situación se da en un contexto de limitada cobertura y deterioro de la infraestructura de riego. De acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), solo el 24% de la superficie agrícola de Cusco cuenta con sistemas de riego. Además, al 2022, cerca del 57% de esta infraestructura se encontraba en mal estado, lo que limita su capacidad para distribuir el agua de manera adecuada y dificulta que los agricultores cuenten con un suministro más seguro y controlado para sus cultivos.
«Frente a los efectos que puede generar el fenómeno de El Niño, es necesario asegurar que el agua llegue a tiempo a las zonas que más la necesitan. Fortalecer la infraestructura y promover un uso eficiente del agua permitirá reducir la vulnerabilidad de los productores, sostener la producción agropecuaria y, con ello, el abastecimiento de alimentos”, precisó Chuquitapa.
La disponibilidad de agua también resulta determinante para la actividad ganadera de la región. Una eventual sequía pondría en riesgo alto y muy alto a más de 393 mil vacunos, 1 millón 245 mil ovinos y 544 mil alpacas, debido a que la menor disponibilidad de lluvias reduce el crecimiento y la disponibilidad de pastos naturales, principal fuente de alimento para estos animales.
El riesgo de sequías no es nuevo para Cusco
Cusco ya registra antecedentes de emergencias asociadas a sequías. Según el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), entre 2003 y 2022, se reportaron 61 emergencias por sequías en Cusco, concentradas principalmente durante noviembre, diciembre y enero. Entre las provincias con mayor número de estos eventos estuvieron Espinar, Canchis, Paruro, La Convención, Quispicanchi, Canas, Chumbivilcas, Acomayo y Anta.
«La prioridad debe ser anticiparse, orientando los recursos hacia las zonas con mayor riesgo, mejorando la infraestructura de riego y promoviendo un uso más eficiente del agua. La sequía no puede evitarse, pero una respuesta oportuna permitiría reducir su impacto sobre la producción agropecuaria y proteger el abastecimiento de alimentos en la región”, concluyó el economista de REDES.
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